Después del brunch… llega el BRINNER

Después del brunch… llega el BRINNER

Pronto esta palabra se va a hacer un hueco en nuestro vocabulario, tanto como lo han hecho ya Brunch, cupcake, cronut… y otras tantas que al principio nos parecían que no iban con nosotros. Brinner nace de la contracción de Breakfast y Dinner, y viene a ser “un desayuno que se toma para cenar”.

De esta manera, sigue la estela del conocido Brunch (Breakfast-desayuno y Lunch-comida), que muchos locales ya han adoptado para ofrecer a los comensales que quieren realizar una comida temprana o un desayuno tardío y más contundente. Serán ellos quizás los primeros en probar esta nueva tendencia que más de uno seguro que ya hemos llevado a cabo, sin haberla bautizado, en más de una ocasión. Por ejemplo, cuando llegamos tarde y cansados a casa y nos preparamos unos cereales con leche, o nos tomamos una manzana y un yogur, o una tostada con aguacate y queso fresco y una infusión. Pues bien, lo que no sabíamos es que esto es hacer un Brinner.

Si lo que queremos es que resulte saludable, no sólo hemos de fijarnos en los ingredientes que lo conforman, sino también en la cantidad, pues si bien el desayuno, como tal, puede ser más copioso y cubrir una parte importante del aporte energético diario, la cena ha de ser más ligera. No podemos ingerir las mismas cantidades para comenzar el día que antes de irnos a dormir.

 

El azúcar que no vemos

El azúcar que no vemos

Hay alimentos que claramente clasificamos como ricos en azúcar. Bollería, caramelos… Pero qué pasa con productos que nos parecen saludables en este sentido y qué esconden un contenido considerable de azúcar. Es el caso, por ejemplo, de muchos productos que, bajo el epígrafe, de 0%, confunden al consumidor porque no sólo no están exentos de azúcar añadido sino que lo contienen en cantidades, a veces, escandalosas.

Para mostrarlo de una forma muy visual, la  web sinazucar.org, detalla con fotografías qué cantidad oculta o inesperada de terrones de azúcar (cada terrón contiene cuatro gramos) llevan algunos productos que encontramos a diario en el supermercado. Hay que tener en cuenta que la cantidad diaria que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda no sobrepasar es de 25 gramos.

Algunos ejemplos que podremos encontrar en la web son: un bote de tomate frito contiene terrones (16 gramos); un producto lácteo (tipo yogur)( de los llamados Light, otros 4 terrones; un vaso de zumo 7 terrones (28 gramos), o una bebida energética 15 terrones (60 gramos). Incluso la pizza, sí, contiene sus buenos terrones de azúcar.

El fotógrafo Antonio R. Estrada –asesorado por un equipo de nutricionistas- está detrás de este original proyecto que salió a la luz hace un mes y que pretende abrirnos los ojos sobre el azúcar oculto existente en muchos alimentos que forman parte de la dieta de muchas personas.

Casi 8 millones de toneladas de alimentos

Casi 8 millones de toneladas de alimentos

Es la cifra que se desperdicia cada año en España. Los motivos, más de uno: desde comprar más por impulsos que por necesidad, elegir envases demasiado grandes, o no entender realmente a qué se refiere la fecha de consumo preferente. Factores, entre otros, que nos hacen tirar demasiados alimentos a la basura. Sí, porque según datos del Ministerio de Agricultura es en las casas donde se producen la mayoría de desperdicios. Por tanto, aunque se trata de que todos los implicados en la cadena alimentaria tomen medidas, somos los consumidores finales los que tenemos mucha responsabilidad en  este sentido y podemos hacer algo para darle la vuelta. Desde la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios)  se señala como principales razones que nos llevan a tirar alimentos en casa la falta de organización de la compra, no congelar los productos, cocinar raciones demasiado grandes, consumir antes lo primero que se compra que lo ya se tiene en casa…Ante esta realidad (los datos están extraidos de una encuesta), recomiendan organizar la compra, planificar los menús y no dejarse llevar por ofertas 3×2 ni que regalan más cantidad de producto si no se va a utilizar. En definitiva, comprar con cabeza. Las implicaciones económicas y medioambientales del desperdicio de alimentos son muchas y podemos hacer algo para revertirlas.